Cursed Blood es uno de esos lanzamientos de Early Access que llaman la atención al instante. El nuevo juego de David Marquardt Studios, disponible en Steam desde el 2 de abril de 2026, apuesta por una mezcla muy concreta: acción isométrica, cooperativo para hasta cuatro jugadores y una estética bloodpunk tan extraña como efectiva. El resultado, en su estado actual, deja una base muy prometedora, aunque todavía arrastra problemas importantes de equilibrio y progresión.
Un mundo bloodpunk que sí consigue destacar
Lo primero que diferencia a Cursed Blood del resto es su ambientación. Aquí no hay fantasía oscura al uso: hay samuráis simiescos, una mafia de bestias antropomórficas y un universo industrial donde la sangre maldita funciona como combustible. Es una idea potente, visualmente muy reconocible y bien sostenida por el diseño artístico.
La dirección de arte cumple con nota:
- Entornos 3D con cámara isométrica
- Mucho gore en pantalla y escenarios manchados de sangre
- Enemigos con personalidad marcada y tono pulp
- Buen trabajo de sonido en impactos, cortes y ejecuciones
Ese conjunto da al juego una identidad clara, algo clave en un género tan saturado.

El combate engancha gracias a su agresividad
En lo jugable, Cursed Blood acierta cuando obliga a jugar al ataque. Los combates son rápidos, violentos y muy físicos. Las katanas responden bien, los dashes aportan movilidad y las ejecuciones o takedowns son el centro de todo el sistema, porque también sirven para recuperar vida.
Esa decisión cambia el ritmo habitual del roguelite: en lugar de retroceder y esperar, el juego empuja a rematar enemigos y asumir riesgos. También suma detalles interesantes, como el uso de kunais, los ataques cargados o la posibilidad de robar armas de fuego a ciertos rivales.
Además, el componente procedural y los Obeliscos Condenados añaden variedad real a cada run. Las bendiciones con maldición asociada funcionan bien como sistema de riesgo-recompensa.
Donde falla: defensa, cámara y legibilidad
El principal problema aparece cuando el juego exige precisión defensiva. El sistema de bloqueo y parry todavía no está bien resuelto frente a enemigos con armas de fuego. Faltan señales visuales claras, y eso provoca que muchas muertes se sientan injustas.
A esto se suma una cámara fija demasiado cercana, que limita la lectura del escenario y complica tanto el sigilo como la anticipación. En solitario ya genera puntos ciegos; en cooperativo, con cuatro jugadores y decenas de efectos en pantalla, el caos visual se dispara.

Progresión y accesibilidad: el gran trabajo pendiente
La otra gran barrera está en la meta-progresión. El sistema de Blood Orbs pide demasiado tiempo para desbloquear mejoras permanentes, y eso convierte parte del avance en puro grinding. En un roguelite, repetir contenido forma parte del diseño; hacerlo sin una sensación clara de recompensa, no.
También hay carencias de accesibilidad que conviene señalar:
- No hay modos para daltonismo
- No existe soporte específico para dislexia
- Algunos elementos de HUD siguen mostrando limitaciones claras
Eso contrasta con otros apartados mejor resueltos, como su peso ligero, el buen rendimiento y un soporte muy sólido para Steam Deck.
Cooperativo excelente, con margen de mejora
Uno de los mejores puntos del juego es su infraestructura online. Poder combinar cooperativo local y en línea sin fricciones es un valor enorme, y pocas producciones indie lo implementan con esta naturalidad. Es, probablemente, el apartado más redondo de esta versión inicial.

Cursed Blood tiene un núcleo muy atractivo. Su estética bloodpunk, su violencia estilizada y su bucle de combate basado en ejecuciones le dan personalidad y pegada. Sin embargo, el estado actual de Early Access todavía muestra desequilibrios importantes en defensa, cámara y progresión.
Con la Roadmap ya en marcha y cambios prometidos para el sistema de parry y la economía interna, hay razones para seguirle la pista. A día de hoy, es una recomendación moderada para quienes busquen cooperativo arcade con una identidad muy marcada y estén dispuestos a convivir con varias asperezas.
