Vivimos tiempos de ruido. El mercado indie de 2025 es un bazar ensordecedor donde miles de voces gritan al unísono, suplicando un segundo de tu atención. Y en medio de esa cacofonía, un desarrollador solitario lanzó Artis Impact.
No debería haber funcionado. Sobre el papel, es un suicidio comercial: un juego hecho en RPG Maker (esa herramienta que democratizó la creación y, de paso, llenó Steam de basura), con gráficos que mezclan churras con merinas y una premisa que suena a delirio febril. Y, sin embargo, aquí estamos. Decenas de miles de copias vendidas y reseñas muy positivas en Steam.
¿Por qué? Porque Artis Impact tiene algo que las superproducciones de comité, pulidas hasta la asepsia, han olvidado cómo fabricar: pulso.
Un Frankenstein con Estilo
Lo primero que te golpea es la estética. Es un collage. Y es fascinante. Te mueves por un mundo de un pixel art nostálgico, esa clase de entornos de 16 bits que activan los receptores de dopamina de quienes crecimos soplando cartuchos de Nintendo para hacerlos funcionar. Pero entonces, la narrativa exige drama, y el juego corta a unos paneles de cómic dibujados a mano, sucios, expresivos, casi manga.
Es una decisión de diseño que grita «presupuesto limitado», pero que susurra «intención artística». No hay dinero para cinemáticas 3D, así que te doy una novela gráfica interactiva. Y funciona. La protagonista, Akane, se mueve con una fluidez que no debería ser posible en este motor, girando la espada y cambiando de expresión como si el desarrollador hubiera animado cada píxel a mano (porque probablemente lo hizo).

La Vida es Sueño (y Burocracia)
La premisa narrativa es, en apariencia, un cliché con patas: futuro distópico, IA rebelde, la humanidad al borde del abismo. Ya hemos visto esa película. Pero Artis Impact no quiere que seas solo un héroe; quiere que seas un ciudadano.
Aquí radica la genialidad – y la locura – de la propuesta.
Puedes salir a desmembrar robots con tu espada, sí. Pero también tienes que esperar cola en el banco. Tienes que trabajar de cajero para pagar las facturas. Tienes que decorar tu casa. El juego te obliga a habitar la mundanidad. Hay una ironía deliciosa en luchar por la supervivencia de la especie humana y luego tener que decidir qué demonios pedir en un restaurante de comida rápida. Esa fricción entre la épica y lo doméstico, entre salvar el mundo y sacar la basura, dota al juego de una textura real, casi táctil.

Akane y la Disonancia
Hablemos de Akane. Visualmente es una mezcla gótica que recuerda a la 2B de NieR: Automata, pero su personalidad es un accidente de tráfico emocional. Es una tsundere de manual, sí, pero también es torpe, filosófica y extrañamente humana. Su compañero, Bot, actúa como el espejo lógico a sus neurosis.
Sin embargo, aquí es donde el juego a veces tropieza con sus propios cordones. Hay una disonancia tonal que te puede sacar de Artis Impact. El juego quiere ser un drama existencialista sobre la extinción, pero a veces se comporta como una comedia adolescente de los 90.
Hay chistes que no aterrizan y un humor que roza lo rancio. El desarrollador, consciente de que se le fue la mano, incluyó un «Super Safe Mode» para limar estas asperezas. Que exista ese botón es, a la vez, una admisión de culpa y una solución elegante. Usted decide cuánto cringe quiere en su plato.

Mecánicas: Cuando lo Roto es Divertido
Jugar a Artis Impact es como conducir un coche deportivo que tiene el volante un poco suelto. El combate por turnos es visualmente espectacular, pero está roto. Completamente roto.
¿Es esto un fallo de diseño? Desde una perspectiva académica, sí. Es un desastre de equilibrio. Pero, ¿importa? No. Porque el juego no va de sufrir para ganar; va de fluir. Va de sentirte poderoso mientras intentas comprender por qué tu robot no entiende el concepto de la mentira. Es un juego de autor, y los autores tienen manías, no departamentos de control de calidad.

El Veredicto
Artis Impact no es perfecto. Tiene bugs, el rendimiento en Steam Deck carraspea si le exiges demasiado y su economía interna a veces parece diseñada para venderte la solución. Pero es una obra de una honestidad brutal.
Es un milagro imperfecto. Una joya sin pulir que brilla más que muchos diamantes sintéticos. Si estás dispuesto a perdonar sus desequilibrios y su humor a veces cuestionable, encontrarás una experiencia que se te queda grabada en la piel. En un mundo de productos, Artis Impact es una obra. Y eso, amigos, es lo que hace que valga cada centavo.
