Hablemos de Pickmon, un nuevo juego de supervivencia multijugador en mundo abierto que parece haber metido en una batidora a The Legend of Zelda: Breath of the Wild, Pokémon y Palworld para servir después una copia con sonrisa de inocente. El resultado no es sutil. Tampoco lo pretende.
PocketGame (Un saludo a PocketPair xD) firma el invento y NETWORKGO lo publica, como quien deja una nota comprometedora sobre la mesa y espera que nadie la lea. Según su presentación, Pickmon nos lleva a un continente inexplorado, poblado por criaturas llamadas Pickmon, con las que podremos combatir, recolectar recursos, cultivar y levantar supuestos imperios industriales. Es decir: monstruos domesticables, supervivencia, fabricación y una estética que parece pedir abogados antes que jugadores.
Un tráiler con demasiadas confesiones
Hay juegos que se anuncian. Otros se delatan. El tráiler de Pickmon pertenece a la segunda categoría. Su héroe recuerda a Link, su estructura visual coquetea con la imaginería de Nintendo y su bucle jugable se acerca con descaro a ese territorio donde Palworld ya hizo saltar las alarmas. La diferencia es que aquí el hurto no parece un accidente estilístico, sino una estrategia de mercado con los zapatos llenos de barro.
El giro más pintoresco está en su sistema de captura: las criaturas se domestican mediante cartas, un detalle que intenta introducir una coartada donde solo hay maquillaje. Como si cambiar la red por la jaula convirtiera el secuestro en poesía. Nintendo no posee ese recurso en exclusiva, desde luego, pero Pickmon no parece interesado en la sutileza jurídica sino en el arte, bastante tosco, de parecerse mucho sin decirlo del todo.
Un historial de puño cerrado y alguna derrota incómoda
Nintendo tiene fama de no conceder un milímetro cuando huele una invasión de su propiedad intelectual. Y esa fama no es propaganda: es método. Sin embargo, no siempre gana. Ahí está el caso del supermercado Super Mario en Costa Rica, que logró defender su marca frente al gigante japonés. La lección es simple: el martillo golpea mucho, pero no convierte todo en clavo.
Eso no vuelve más segura la existencia de Pickmon. Al contrario. La convierte en una curiosidad con fecha de caducidad probable. Su parecido con Zelda, su parentesco con Pokémon y su flirteo con Palworld lo colocan en una zona donde la inspiración ya no parece homenaje, sino a Mortadelo con peluca. Puede durar semanas. Puede durar meses. Pero cuesta imaginarlo envejeciendo en paz.

Un clon, un síntoma y una carcajada incómoda
El verdadero interés de Pickmon no está en lo que propone, sino en lo que revela. El mercado actual premia la velocidad, la imitación y el oportunismo con una alegría casi litúrgica. Si algo funciona, enseguida aparece su doble, luego su primo y después su versión de mercadillo. Pickmon no es una anomalía: es un espejo. Feo, sí. Pero espejo al fin.
Y, sin embargo, hay algo fascinante en su desparpajo. Publicar un tráiler, asomarse a Steam y hacerlo con este nivel de parecido exige una mezcla rara de temeridad, cálculo y fe en el caos. Quizá Nintendo tarde en reaccionar. Quizá no. Pero una ley no escrita del videojuego sigue intacta: cuando un clon hace demasiado ruido, deja de parecerse a un juego y empieza a parecerse a una citación judicial.
